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La evolución de la libre competencia. Columna de Paula Valenzuela, Gerente General de Generación Empresarial en el Diario Financiero

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La evolución de las políticas de libre competencia en Chile ha sido ejemplar en varios aspectos. Algunos de ellos son la construcción de instituciones de alto respeto y legitimidad, los favorables resultados que éstas han obtenido en desbaratar carteles y desincentivar prácticas dañinas, y la forma en que han ayudado a que las empresas comiencen a establecer mejores prácticas para promover la libre competencia y evitar las transgresiones. Pero donde el proceso ha sido particularmente virtuoso, y donde se explican buena parte de los éxitos descritos, ha sido en su gradualidad, que ha permitido a empresas, mercados e industrias adaptarse a una realidad dinámica.

La delación compensada, por ejemplo, por muchos años fue vista como una curiosidad de países desarrollados. Cuando se comenzó a discutir su implementación en Chile, las reticencias se alzaron con fuerza. Que sería incompatible con la manera de hacer negocios, basada en la cercanía y la confianza. Que convertiría lazos de colaboración en relaciones de permanente sospecha. Que pondría a empleadores a desconfiar de sus empleados u obligaría a competir a la defensiva. Pero la realidad fue distinta. Algunas empresas comenzaron a ver en esta herramienta una oportunidad de salida para prácticas que les avergonzaban. La delación, además, se entendió rápidamente como un poderoso desincentivo para la formación de nuevos carteles. Gracias a esto, la confianza en que los mercados serían más libres, competitivos y justos comenzó a ser un aliciente a la inversión, en años donde tantas otras confianzas fallaron y razones para invertir faltaron.

Los mercados existen desde que el hombre comenzó a establecerse y vivir en comunidad. Pero la real importancia que le damos a la libre competencia tiene sólo algunas décadas. Por eso es tan relevante que su historia reciente en Chile sea una de crecimiento y aprendizaje compartido, de adaptación y cambio cultural.

Mirando en retrospectiva, podemos ver una gran evolución legislativa e institucional así como también una mayor toma de consciencia en estas materias, tanto en empresas como gremios, ciudadanía y en cada uno de nosotros. El discurso de la libre competencia llegó para quedarse, y eso es muy positivo porque legitima los mercados, educa en cuanto a conceptos y orienta las acciones de autoridades, empresas y personas al servicio del bien común.

Todos tenemos razones para estar enojados con los casos de colusión. Lo importante es hacer algo al respecto, en la dirección de inhibir estas prácticas en el futuro. Esto implica cuidar la absoluta confidencialidad de los procesos, ser muy responsables en la utilización de las facultades discrecionales con las que hoy cuenta la fiscalía, y defender la legitimidad e importancia de herramientas como la delación compensada, que representan una gran oportunidad para tener mejores mercados, así como la necesaria seguridad y confianza para invertir, consumir y convivir.

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