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El rol de la ética organizacional para recuperar las confianzas

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Foto articulo El Mercurio

Entrevista en El Mercurio a Gonzalo Said, Presidente de Generación Empresarial, y a Sergio Salgado, académico de la Universidad de la Frontera, sobre la importancia de las buenas prácticas empresariales para desarrollar instituciones sostenibles y de largo plazo.

“Cuando la empresa tiene buenas prácticas, sus acciones hablan por ella y no necesita justificar nada, pues su rol se legitima en el mismo acto”

 ¿Cómo la ética empresarial puede ayudar a recuperar y fortalecer la confianza en instituciones y empresas?

Promover el comportamiento ético en el ámbito corporativo apunta a hacer empresa de manera responsable y consciente, situando a las personas en el centro de las decisiones, considerando –por supuesto- la rentabilidad y sustentabilidad a largo plazo, pero sin descuidar el  rol social que la organización juega. Lo anterior se traduce en la implementación de buenas prácticas empresariales en la relación con todos los públicos de interés, incluidas las comunidades y la ciudadanía en su conjunto. Cuando la empresa actúa de esta manera y sus acciones hablan por ella, no necesita justificar nada, pues su rol se legitima en el mismo acto. Esto deriva, con el tiempo, en la reconstrucción de confianzas entre empresa y sociedad.

 

¿Por qué la confianza es un elemento estratégico para los negocios?

La confianza es el motor del progreso de los países y el reflejo de una sociedad sana, respetuosa del otro y abierta a la colaboración. Todos estos elementos son estratégicos para el desarrollo de negocios que representen un beneficio para todas las partes.

 

¿Qué vínculo existe entre ética empresarial y riesgo reputacional? ¿Cómo el primero puede ayudar a controlar o prevenir lo segundo?

Pese a que el actuar ético no es de naturaleza transaccional ni utilitarista, existe un vínculo directo. Es decir, uno no actúa éticamente para tener mejor reputación ni disminuir los riesgos en este ámbito; sin embargo, ese buen actuar corporativo, que debiera surgir de la convicción de los directivos y permear a toda la organización desde las cúpulas en adelante, repercute directamente en la esfera reputacional. La ética y las buenas prácticas, si bien no son “monedas de cambio” y su principal impacto es en las personas y el bien común, generan un efecto muy positivo en la rentabilidad, sostenibilidad y en la imagen que proyectan hacia el exterior las organizaciones.

 

¿Qué resultados en el ámbito de los negocios pueden tener las organizaciones al implementar programas que fortalezcan la ética en las compañías?

Los esfuerzos que las empresas hagan en el ámbito de la ética generan ambientes propicios para el desarrollo humano y eso repercute –invariablemente- de manera positiva en los negocios. Las organizaciones que cuentan con programas sólidos éticos, capaces de promover buenas prácticas, prevenir o detectar oportunamente transgresiones, formar en valores y cuidar el bienestar de los colaboradores cuentan con los cimientos necesarios para desarrollar negocios sostenibles y de largo plazo, lo cual constituye la base de negocios exitosos.

 

¿Cuál es el rol que deben tener las nuevas generaciones de empresarios en esta materia?

Las nuevas generaciones de empresarios vienen con otros valores, que suelen estar mucho más conectados con las exigencias de la sociedad actual. Por ello es que muchas veces logran demostrar mayor consciencia de su rol y de la responsabilidad social que este implica; mayor conexión y cercanía con la ciudadanía, mayor sintonía con las problemáticas que hoy aquejan a Chile y mayor disposición a aportar –desde los flancos en que la empresa puede hacerlo- con la solución de dichas problemáticas. Sería muy interesante que pudieran, además, desarrollar una comunicación más fluida con la gente, de manera de plantear a la empresa como un ente ciudadano, capaz de acoger y responder expeditamente sus inquietudes. Finalmente, por las razones anteriores, las nuevas generaciones tienen un gran potencial para conectar a empresarios de mayor edad con las actuales demandas de la ciudadanía y las mejores formas de hacer empresa hoy. La responsabilidad de mi generación, y también de las que me anteceden, es escuchar atentamente y aprender de quienes nos sucederán, y asimismo poner a disposición nuestra experiencia y camino recorrido en diversas materias.

 ¿Qué papel cree deben jugar las universidades y centros de estudios en este contexto?

Juegan un papel fundamental y tienen todavía mucho espacio de desarrollo y crecimiento en términos de formación. Existe una deuda pendiente en lo que respecta a la formación ética, refuerzo de mejores prácticas y evolución de conceptos como que la rentabilidad de la empresa y el mayor valor para sus accionistas son los únicos nortes de una organización. El rol social de las empresas debe ser incorporado de manera consistente en las mallas curriculares formativas de profesionales y técnicos, porque no sacamos nada con hablar de valores y buenos comportamientos, si el sustento teórico económico apunta en una dirección completamente distinta. Hay mucho camino por andar aún, y los empresarios comprometidos con la ética, las buenas prácticas y el desarrollo humano podemos hacer un gran aporte a ese ámbito de ética aplicada en academias, institutos y universidades.

 

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