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Desafíos éticos presentes y futuros. Columna de Paula Valenzuela en El Mercurio.

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Paula-Valenzuela

El cuestionamiento social a la empresa -a estas alturas está bastante claro- remite a las brechas existentes entre el desempeño de las organizaciones y las expectativas que la ciudadanía tiene sobre ellas, amplificado todo por los escándalos empresariales de los últimos años, que han contribuido al actual clima de desconfianza nacional. Otra conclusión que se podría extraer sobre el tema es que no se trata de un problema de imagen, reputación ni comunicaciones sino un desafío que apunta directo al corazón de la forma de hacer empresa y al importante papel que esta juega en la sociedad y que debe ser desempeñado siempre a la altura de la responsabilidad que implica.

Aquí es donde los líderes empresariales entran en escena, con la crucial misión de forjar un claro tono ético desde la cima de las organizaciones que incorpore principios y valores humanos, así como mejores prácticas nacionales e internacionales y un férreo compromiso con el desarrollo socioeconómico sustentable. Las empresas, en sus prácticas y relaciones, debieran ser reflejo de los valores de sus líderes, de la misión social de la empresa, y de las expectativas que desde la sociedad se tiene de su trabajo, de sus resultados y, sobre todo, de la manera en que esos resultados son obtenidos. Solo así es posible hacer girar los círculos virtuosos de la ética corporativa, las buenas prácticas y la confianza social.

Todo parte por las personas. Una mala influencia, un incentivo mal pensado, una falla en las relaciones interpersonales o incluso objetivos corporativos mal planteados, pueden transformar a una persona de rigurosos valores éticos en alguien capaz de construir una justificación para violar la ley o buscar atajos poco aceptables para cumplir objetivos personales o de la compañía. La ética no solo es personal sino cultural. Y la cultura de una empresa se construye, protege, repara y fortalece desde su cima.

El primer paso es reconocer que la cultura ética y de cumplimiento de una compañía, léase, la coherencia entre lo que su gobierno espera de ella y lo que sucede en la realidad, es factible de ser medida, gestionada y ajustada de manera concreta. La comunicación efectiva de valores y qué es lo que se espera de los colaboradores en diversas instancias es fácil de difundir y promover a través de medios digitales o incluso dinámicas formativas que involucran dilemas éticos. La información puede fluir en forma inalterada y efectiva desde donde surgen las dudas o transgresiones éticas hasta la alta dirección, para permitir la intervención temprana y evitar así problemas mayores. Mecanismos como líneas de denuncia ya son amplia y exitosamente utilizados por muchas empresas para este objetivo.

Estos nuevos desafíos empresariales debieran estar presentes en la formación de los profesionales del futuro. Se espera que además de la vocación social y el sentido de bien común, característicos de las nuevas generaciones, ellos sepan poner en una balanza la obtención de resultados con la forma de obtenerlos y mantengan una robusta conexión con la sociedad, algo en lo que sus mayores muchas veces han fallado. Las empresas del futuro deben ser construidas de cara a la sociedad, ser protagonistas de los principales desafíos nacionales y lograr su renovada legitimidad en el cumplimiento de las expectativas que el país tiene de ellas.

 

Paula Valenzuela

Gerente General

Fundación Generación Empresarial

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