Bien común, dilemas éticos y compromisos empresariales | “Bien común, dilemas éticos y compromisos empresariales”

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Tiempo de sentirnos protagonistas

En marzo de 2014, Generación Empresarial, la CPC y El Mercurio dimos inicio a la segunda fase del proyecto “Bien común, dilemas éticos y compromisos empresariales”. En su lanzamiento, el año pasado, fueron presentados cuatro documentos con principios, mejores prácticas y recomendaciones específicas en ámbitos tan contingentes como libre competencia; regulación y autorregulación; desarrollo sustentable, medio ambiente y comunidades; y evolución del modelo de empresa.

El inicio de este trabajo se remonta a casi dos años, cuando con nuestros socios en este proyecto compartimos la convicción de que la empresa es parte activa en la construcción de un Chile mejor  y de que, en su esencia, constituye una pieza clave en la solución de diferentes problemáticas sociales. De ahí la importancia de fortalecer los lazos de confianza y estimular aún más las dinámicas virtuosas entre las organizaciones y la comunidad que las rodea.

Sabemos que ni el ser humano ni la empresa están exentos de error, pero la confianza se hace fuerte cuando se ve un comportamiento que tiene como piedra angular la ética, entendida ésta no como un conjunto de normas y restricciones, sino principalmente como una disciplina o sello en el actuar, que se hace cargo de las repercusiones de los propios actos en sí y en los demás, y que vela no solo por el beneficio propio sino por el de todos.

Si hay algo de lo que la mayoría de los empresarios están ciertos, es de que en este momento histórico la creación de empleo y la producción de riqueza son condiciones necesarias pero no suficientes para una organización moderna. Esta segunda fase de la iniciativa presenta, así, el desafío de crear una corriente empresarial sustentada en las mejores prácticas corporativas, que comparta además los esfuerzos que cada organización hace por el país.

En esa línea, contempla un plan de trabajo que incluye difusión de la iniciativa en regiones; cursos de formación e-learning gratuitos y abiertos a la comunidad; el libro que tienen en sus manos, que compendia los cuatro documentos, sus principios y recomendaciones prácticas; reuniones con actores de la sociedad civil organizada; eventos periódicos con medios de comunicación; y mesas de trabajo para acordar indicadores de autorregulación.

La invitación que hacemos a todas las empresas y quienes se relacionan con ellas es a ser protagonistas de este movimiento, conociendo la iniciativa, leyendo  los documentos, y encontrando  la forma más apropiada  de adherir a las prácticas allí sugeridas. En pocas palabras,  a abordar oportunamente y en forma mancomunada los escenarios, necesidades y desafíos que los nuevos tiempos traen consigo.

Solo de modo proactivo y no reactivo, yendo incluso más allá de lo que la ley exige y manteniendo en el norte la ética, la empresa se plantea frente a la ciudadanía como parte esencial de la sociedad contemporánea, consciente de su rol al interior de ella y  capaz de irradiar, desde su núcleo más profundo, relaciones de colaboración con las personas y la comunidad. Siempre con la convicción de que el bien social es también el bien corporativo.

 

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